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La raíz del mal

La raíz del mal

En los últimos años la literatura psicológica y psiquiátrica se ha abocado en diversas ocasiones al estudio de la personalidad maléfica o perpetradora de mal innecesario. En general, los estudios se han centrado en características psicológicas de los perpetradores con el enunciado de diversas teorías psicodinámicas que darían cuenta de cómo un ser humano, puede llegar a perpetrar intencionalmente mal sobre otro.

La maldad que lleva a determinadas personas a actuar contra otra y realizar actos violentos tiene una parte de enfermedad, aunque no se puede explicar sin tener en cuenta otros aspectos (Adolfo Jarne, psicólogo de la Universidad de Barcelona) señala éste que hay una parte incomprensible en esta maldad que es de difícil explicación. La maldad siempre es reactiva y cuando una persona la ha recibido, la devuelve. Sin embargo, existen expresiones en las que no se observa una relación causa-efecto y que se trata de maldad gratuita, situación que no se puede explicar racionalmente y que hay un tipo de personas que saben que están haciendo el mal y que sienten placer por ello, a los que se les puede definir como perversos. Esta perversión es la forma de vida que han adoptado y la única manera de relacionarse con el resto de la sociedad, y la satisfacción que sienten cuando actúan les hace continuar adelante. Una de las características de este colectivo es que intentan presentar lo malo como bueno a través de engaños y son plenamente conscientes de que están haciendo daño. También existe otra tipología que es la de aquellos que actúan con maldad como vía de descarga. Se trata de personas muy dañadas personalmente, que han vivido situaciones catastróficas, que no pueden pensar y evacuan su malestar a través de la violencia, aunque no son conscientes de que hacen daño. Se puede entender el acto violento como una vía de comunicación.

La violencia individual también se explica en ocasiones como consecuencia de las estructuras sociales, políticas y económicas que le oprimen, es también consecuencia indirecta de la violencia estructural, al tiempo que de no existir dichas estructuras quizá no hubiese realizado el acto violento. En este sentido la crisis económica puede generar estas situaciones de colapso y malestar vital como consecuencia de la precariedad y la situación de algunos jóvenes que sienten que no tienen expectativas de futuro. En nuestra sociedad urge un proceso de reconciliación como ciudadanos interesados en preservar una convivencia nacional donde todos tienen derechos para vivir y crecer en respeto mutuo, así como la falta de reflexión sobre las condiciones psicosociales que prevalecen en las instituciones que forman a los ciudadanos.

"El mundo es guiado y gobernado por dos fuerzas solamente: el bien y el mal. Y la batalla es entre el bien y el mal. El mundo implora renovación".









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